Un zumo es la fracción líquida que podemos extraer por presión de las frutas. Con este procedimiento, si hacemos zumo de naranja en casa, vemos que lo que queda de la fruta son las pieles, los saquitos que tienen el jugo, las membranas, en fin, lo que llamamos la parte fibrosa de la fruta, tanto soluble como insoluble.
El zumo por lo tanto se queda con los azúcares de la fruta y con la práctica totalidad de vitaminas y pigmentos antioxidantes. Por lo tanto, los zumos comparados con las frutas de las que proceden, tienen más azúcar, menos fibra y más calorías. Son buenos para hidratar y aportar calorías de utilización rápida procedentes de esos azúcares, fundamentalmente fructosa.
Por todo ello, si nos gustan los zumos deberemos tomarlos con moderación, mejor recién exprimidos (contienen más vitaminas) y teniendo en cuenta que si nos tomamos un zumo no debe faltar en nuestra dieta la pieza de fruta para alternar.
Otro aspecto de los zumos es que no los debemos confundir con néctares. Los néctares llevan la mitad o menos de zumo de fruta y el resto de su composición es agua con azúcar (también los hay con edulcorantes). Nutricionalmente no es lo mismo y es importante que seamos conscientes de ello.
Sin embargo, en los supermercados conviven en una misma estantería (y con cierto caos) zumos y néctares, sin diferencias claras de precio con lo cual mayor es la confusión.
¿Por qué es tan importante consumir fruta?
Las frutas deben sus propiedades antioxidantes y protectoras frente a ciertas enfermedades, no sólo a sus nutrientes aislados (vitamina C y otros antioxidantes) sino a su combinación dentro de la propia fruta donde conviven las fibras, los pigmentos y diversos minerales. La combinación de todos estos elementos (y no cada uno por separado) es lo que produce los beneficios para la salud.

Un saludo de Juana Mª González, dietista personal.
•Y vamos a acompañar la bebida con: